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“la belleza no es un lugar al que van a parar los cobardes”
Antonio Gamoneda


TRABAJANDO POR UN SUEÑO
Una nueva edición de “La sociedad del futuro”, el libro de Oskar Lafontaine, viene a recordarnos que la igualdad no es que sea buena ni conveniente -que por supuesto-, sino que es –o debe ser- consustancial en nuestras relaciones. La igualdad social, la igualdad política, la de enseñanza, credo, raza y la de sexo, construyen al ser humano, construyen el mundo. Todo ello está presente en cualquiera de las actividades que en estos días desarrolla este festival, cuyo interés crece considerablemente, si cabe más con el empujón que le dan dos acontecimientos que marcan su ideario en esta su quinta edición. Veamos.

 

De un lado, se cumple un año de vida del Ministerio de Igualdad. De otro, la victoria reciente de Barack Obama, un negro, en Estados Unidos, llama poderosamente la atención en los cuatro puntos cardinales del planeta. Los profesionales del periodismo, que tienen la virtud de atrapar el tiempo cuando pasa, y, también, el colectivo de poetas, que escuchan las cosas de la vida con el oído del alma, ya se han aprestado a convenir que ambos son acontecimientos bien singulares, de carácter y dimensiones muy especiales, dos sucesos que marcan un antes y un después en la lucha por la igualdad.

 

Lo que vive ahora mismo la América de Obama no es un renacer cultural de las libertades que inspiraron hace algo más de doscientos años su constitución, sino una reconversión del habitual monopolio blanco en valores políticos de cambio. Asistiremos en lo sucesivo a toda clase de análisis de la dinámica de su gabinete por parte de prestamistas intelectuales, por parte de músicos y artistas de las palabras. Compete, sin embargo, opinar a la sociedad en pleno, puesto que ella es responsable de que el color haya cobrado hace unos meses un interés inusitado en el gobierno estadounidense para obtener una larga lista de objetivos.

 

El tiempo, ese insobornable y ceñudo juez, será, como siempre, el que informe al mundo acerca de si se cumplen, o no, esas metas. Ahora, sin embargo, lo que sale para nosotros de este relato moral es que España necesitaba, como nunca, un Ministerio de la Igualdad. Y lo necesitaba dada la ignorancia de los que siempre creen que hay cosas que no es preciso normar, lo necesitaba dada la confusión de los que viven anclados en el pasado, dada, en fin, la viva quiebra que se ha producido entre el país de siempre y las libertades de las mujeres de hoy, entre algunos españoles y las españolas. Ha sido, en realidad, cosa de pocos años, ha sido el terrorismo abatido de la inercia, de la arrogancia, el peso superado de las supersticiones.

 

Todas las máquinas que suministran datos a la inteligencia –televisión, internet, prensa escrita, radio-, están dejando al incivilizado completamente aislado, sin discurso, sin tribuna. Los grandes sistemas políticos, filosóficos, estéticos, científicos, principian por la igualdad. Y no hay mayor igualdad que la que trae la Ley contra la Violencia de Género, que invita a ir a las barricadas pacificadoras y no enfangarse en un pensamiento neoliberal, que no sólo es pedantería, sino también una manera ambigua, y muy poco hábil, de no definirse ideológicamente, incluso de rechazar toda definición.

 

Ellas Crean ya orquestó su particular movida sobre la igualdad hace ahora cinco años, cuando arrancó su primera edición. Lo hizo consciente y premeditadamente. Y poner la creación de las mujeres al alcance de todos y hacer de todo ello sustancia que prenda en el tejido social, sigue siendo su objetivo, aunque, en realidad, hay que decir, que no sería posible otra finalidad. Para sus responsables, cualquier escrutinio que se haga acerca de su desarrollo arroja un juicio inapelable: el asunto que más interesa, aunque trabaje a largo plazo, sigue siendo la cultura.

El ser humano en su sentido genérico es un antropófago cultural desde las edades orales. Y lo es tanto el individuo como el grupo. Pero la cultura no ha sido muchas veces sino la suplencia de un vacío, el remedio de una ignorancia. El mundo se explicaba por sucedidos hasta que apareció la ciencia. Y he aquí que los sucedidos y los inventados, perdida su misión científica, se quedaron en estética y sobrevivieron como arte. Las cosas se vuelven mágicas, dice Marcel Duchamp, cuando pierden su utilidad. Galdós es glorioso por mágico. Y lo mismo Rosalía de Castro, que tampoco pretendía resolver nada con sus poemas, sino dar salida formal a todos los torrentes de belleza que le llenaban el corazón.

 

Belén Reyes, Bianca Pitzorno, Safrika, Deborah Vukusic, distanciadas de aquellos en el tiempo, que no en el entendimiento de su oficio, son otras tantas arrobas de igualdad y de ensueño que ahora asoman a la plataforma de Ellas Crean. La poesía, que primero explicaba el mundo, ahora lo testimonia también. Se ha perdido en evidencias lo que se ha ganado en perfección, hallazgo, acierto, gracia. Y los lectores, sobre todo, son los beneficiarios. Todos tienen la oportunidad de disfrutar con diversos encuentros en los que se hablará de las autoras más leídas, se dramatizarán textos sin solución de continuidad, se presentarán en sociedad algunas de las novedades más destacadas del panorama editorial y las dramaturgas debatirán acerca de su trabajo. Y, junto a todas ellas, el homenaje a Berlín en forma, igualmente, de debates, perfomances y videoarte, que analizan los veinte años que ahora se cumplen desde la caída del muro, metáfora, si así se quiere, de muchos otros muros que, paulatinamente, han tenido que derribar las mujeres para conseguir ser consideradas ciudadanas con plenos derechos.

 

Y tras el baño de multitudes de la poesía, del pensamiento, de la literatura, del teatro, el baño de multitudes de la danza, de la moda y del cine en la Filmoteca Española y en la Academia de Cine. Ortega hubiese titulado hoy “La sumisión de las masas”. La calidad de una obra no se mide exactamente por la afluencia e ingencia de las masas; aquí, en cambio, también está asegurada. En un país donde ya se consume regularmente cultura, Ellas Crean es un espacio donde nada se improvisa y todo tiene una intención. Sabemos, por ejemplo, que un buen lector, un buen degustador de cine o de música tarda en hacerse toda una vida, justamente cuando ya sólo llega a releer, a revisar, a reescuchar.

 

Y en ello está el bloque musical de la programación, posiblemente la apuesta más poderosa del festival en esta edición. Una apuesta, cabe decir, sobre todo por la música popular, en todas sus posibilidades, rock, jazz, pop, folk, canción, blues…, aunque no se niegue espacio –y primoroso, por cierto- al bel canto. Un despliegue artístico de ensueño gracias al extraordinario entendimiento producido con las salas de música en vivo, al abrazo cordial y sincero del histórico Club de Música y Jazz San Juan Evangelista, gracias finalmente a una programación de elaboración propia en la que la diversidad estética no es precisamente sinónimo de dispersión, ni tampoco del amontonamiento de mercadería artística en el que suelen incurrir otros. Casi un centenar de conciertos que dan un panorama muy consensuado acerca de los diferentes criterios con los que las mujeres abordan la creación musical en nuestros días.

 

Por este detalle, y muchos otros, creemos que las programaciones de este festival están ya suficientemente maduras. Fueron a la escuela primaria con la comparecencia, en 2005, de Juliette Grecó, se graduaron en el instituto con la religiosa libanesa Sor Marie Keyrouz y se licenciaron cum laude escenificando un monólogo de Claudio Magris y convocando a Marianne Faithfull, el último bastión de la contracultura en el rock. Merche Esmeralda, Cecilia Bartoli o Jane Birkin se presentan ahora, entre otras muchas, para demostrar como puede ser el doctorado de este encuentro, una recreación intensa, enjundiosa, de la creación que aportan las mujeres.

Cultura de la memoria, que es memoria de la cultura. Cultura de la igualdad. Nuestro Ministerio cumple ahora un año de vida, pero su bagaje tiene algunos más. Es consecuencia de una larga meditación sobre las cosas y las circunstancias, que, como bien se sabe, siempre acumulan más tiempo que las personas y las instituciones, recreación de lo vivido, de la historia, todo ese almacén de recuerdos al que llamamos tiempo. La programación de Ellas Crean es reflejo de todo ello. Les invitamos a que ojeen sus múltiples actividades, a que asistan, disfruten y comprueben con todo ello que también trabajamos por un sueño. Es título de Springsteen, pero, como Obama en Estados Unidos, como Berlín en el vigésimo aniversario de la caída del muro, nos gusta pensar que también estamos haciendo historia. Bienvenidos a la aventura.

 

Luis Martín / Concha Hernández