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MARISA PAREDES, UNA ACTRIZ PARA EUROPA

Si el arte es la medida del misterio, Marisa Paredes es una de las actrices europeas que mejor han encarnado la profundidad de ese enigma. Pocas intérpretes de nuestro tiempo han concitado tanta unanimidad, porque pocas han sabido combinar como ella la intensidad de las grandes, esa intensidad que traspasa la pantalla, con una ductilidad y una inteligencia que le ha llevado a desarrollar una carrera en la que se dan cita los mejores nombres de la cinematografía europea e iberoamericana de los últimos años.

Marisa Paredes tiene ya a su altura una carrera impresionante, en la que ha compaginado sus interpretaciones cinematográficas con el teatro, en papeles exigentes, como ha demostrado últimamente con la Ofelia de Hamlet o la pianista bergmaniana de la Sonata de Otoño. Y evidentemente esa riqueza personal y profesional, ese conocimiento de su oficio, de los demás y de sí misma, está patente en cada uno de sus movimientos y de sus frases sobre el escenario o en la pantalla. Pero no hace falta visto a Marisa Paredes en escena para saber de qué material está hecha esta actriz total. Porque nadie recuerda una escena o un plano en el que aparezca Marisa Paredes que pueda ser calificado de ‘anodino’. Al contrario, sus intervenciones están llenas de pasiones, de matices, de ironía, de misterio, de duda, de contradicciones, de seguridades... Marisa Paredes brilla como una joya extraña en cada plano, y lo hace con la inevitabilidad de un relámpago que cruzase la pantalla y nos dejara la impresión de que todavía sigue ahí incluso cuando no está, porque el universo de cada film queda impregnado de su presencia memorable. Porque hay actores que se hacen presentes hasta en las imágenes donde no están.

La aportación esencial de Marisa Paredes a la iconografía de Pedro Almodóvar, casi mitológica, y que ha merecido tanta repercusión internacional, no debe hacernos olvidar la densidad y la variedad de registros que ha mostrado en toda su carrera. Y todo lo ha hecho sin bajar un ápice el renglón de la exigencia. Sin duda sus incursiones en el universo del más internacional de nuestros directores quedarán para siempre en la galería de los mejores momentos del cine español. Ese poderoso creador de mitos femeninos que es Almodóvar encontró en nuestra actriz la encarnación perfecta de la mujer desgarrada entre su ‘imagen divina’ y su naturaleza humana, fieramente humana a la manera del poeta, necesitada de afecto, de afirmación, de humanidad. Hoy Gilda y, mañana, la mujer que vuelve al pueblo en busca de sus orígenes. La inmarcesible Huma Rojo, y la escritora Amanda Gris. Chanel y esparto. Capaz de subir a los altares del glamour, pero también de quitarse el rimmel con los puños y suplicar ‘¿Hay alguna posibilidad, por remota que sea, de arreglar lo nuestro?’
Marisa Paredes ha consolidado también en nuestro imaginario colectivo la imagen de la mujer española plenamente europea, moderna, independiente y fuerte. Ella ejemplifica la definitiva transición de las protagonistas decorativas, domesticadas, politizadas o erotizadas del cine español de cierto tiempo a otro tipo de personajes femeninos, sólidos, complejos, independientes, que reivindican su derecho a vivir, a cabrearse, a amar, a odiar, a sentir placer, a disfrutar plenamente de su feminidad, de su orgullo, de su talento, de su cuerpo, y a sentir su dolor también con la misma plenitud e independencia.
Pero detrás de esa presencia extraordinaria, de esa magia con la que Marisa Paredes retoma la tradición casi chamánica de los grandes actores de todos los tiempos, que se tutean con el misterio, con las preguntas que no necesitan más respuestas que un ademán del cuerpo, que un brillo en los ojos, hay también una mujer capaz de enfrentarse a cualquier tipo de personaje, e iluminarlo. Por eso su filmografía se ha escrito con directores que forman parte de la historia del séptimo arte, y especialmente del cine europeo: directores como Manuel de Oliveira, Alain Tanner, Roberto Begnini, y otros internacionales pero que han desarrollado parte de su carrera en nuestro continente, como Amos Gitai, Raúl Ruiz, Arturo Ripstein, Guillermo del Toro; actores como Mastroianni, Picoli, Jean Rochefort…la actriz española tiene un lugar asegurado en el Olimpo cinematográfico europeo.

Por eso este reconocimiento que recibe Marisa Paredes por parte del Ayuntamiento de París, el Instituto Cervantes en la capital francesa, y la asociación Españolas en París en el marco del Festival Ellas Crean, es un reconocimiento a su extraordinaria capacidad para transmitir emociones de la manera más pura e intensa, pero también -en este año en que celebramos la presencia de la cultura española en todo el continente a partir de nuestra Presidencia de la Unión- a su dimensión europea, al impacto que su carrera ha causado en el continente y a la extraordinaria imagen de nuestro país que ha difundido fuera de nuestras fronteras. Porque Europa, ejemplificada en una de sus capitales emblemáticas, París-Paredes, se reconoce en este rostro de mujer, en esta actriz divina y humana, que reivindica su manera personal de estar en el mundo, y que encarna, con esa vibrante escenificación de la libertad y de la pasión de vivir, lo mejor de la tradición europea de grandes actrices que han llenado nuestros cines y nuestros teatros.

José A. Gómez Municio

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