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José Luis Rodríguez Zapatero
Presidente del Gobierno de España

 

Jean Monnet, el padre de la Europa unida, aseguró que si tuviera que volver a iniciar el proceso de unión de las naciones europeas comenzaría por la Cultura. El paso del tiempo no ha hecho más que consolidar la idea de que la Cultura constituye el corazón del proyecto de la Unión Europea, porque si en algo se fundamenta ese gran país que queremos que sea Europa es en la existencia de una identidad cultural compartida por todos los ciudadanos y ciudadanas del mismo.
La Cultura atesora lo que somos hoy y lo que seremos mañana, pero también la memoria de la tan apasionante como a veces terrible historia europea. Resultado de siglos de mestizajes, de enfrentamientos y encuentros, nuestra cultura permite un proyecto histórico en el que ser nosotros mismos es sentirnos parte de los otros, un proyecto sin localismos, pero también enriquecido de matices y múltiples puntos de vista.
La política cultural pública europea nos ha proporcionado un modelo ideal capaz de asumir la complejidad de los fenómenos culturales, gestionando la riqueza que aporta su diversidad. Un modelo en el que se combina el protagonismo de lo público con la iniciativa privada, y en el que se tiene en cuenta la importancia económica de la Cultura en cuanto incide sobre la sociedad.
El consenso económico y la cohesión social son elementos esenciales de la Unión Europea. Sin embargo, no hubiera tenido sentido ni, probablemente, hubiera cosechado tan excelentes resultados, de no fundamentarse en el compromiso sobre nuestros valores compartidos, que se han ido configurando en el pensamiento y la creación, y transmitiendo a través de las diferentes culturas europeas. La intuición de Monnet excede lo que él mismo predijo. Sin duda, el éxito ante los grandes retos que nos enfrentan al futuro está en el trabajo intelectual, en la innovación, en el conocimiento, en las oportunidades que proporcionan nuestras lenguas, en los recursos que nos ofrece nuestra creatividad, lo que se ha visto incrementado por las tecnologías digitales.
Homero, Dante, Shakespeare, Bach, Platón, Velázquez, Goethe, Monet, Pessoa, Camus, Kafka, Virginia Woolf, Beethoven, Chaplin, María Callas, Magritte, Sandor Marai, Coco Chanel, Lorca, Bergman, Balenciaga o María Casares son parte irrenunciable de la gran nación europea. Ellos, como tantos otros, han sabido explicar y transformar en belleza la condición del ser humano más allá de la frágil línea que establece una frontera, dándole fuerza y raíz a ese sentimiento común que llamamos “Europa”.
Para España, la Cultura es el elemento central inspirador de nuestro desarrollo como pueblo, que ha tenido siempre Europa en el horizonte. Desde Andrés Laguna hasta Buñuel, desde Cervantes hasta Picasso, los creadores españoles más universales han hecho de Europa su interlocutor natural, su objetivo, su promesa. España ha aportado a la cultura europea nombres, ideas, actitudes y una lengua como el español, ejemplo de activo cultural que multiplica la presencia de España y, por consiguiente, de Europa, en todo el mundo.
Por eso, la Cultura tendrá un papel esencial en este semestre en el que España ostentará la Presidencia Europea, con un amplio programa de actividades en el que se darán cita todas las manifestaciones artísticas, tanto dentro como fuera de nuestro país. Este Programa, equilibrado encuentro entre tradición y fomento de la creatividad más viva, esa que construye patrimonio en el tiempo, ofrece una visión compleja e intensa de la Cultura que palpita en Europa, sin olvidar nuestros vínculos con otras geografías que, a lo largo de la Historia, los españoles hemos contribuido a acercar a los europeos.
La profundidad de las relaciones culturales europeas nos lleva a decir, sin temor a equivocarnos, que si existe lo que Husserl llamara la “forma espiritual” de Europa, es decir, su capacidad para no ser sólo una mera yuxtaposición de naciones, sino el germen de un “nuevo espíritu”, tal espíritu, sinónimo de democracia, respeto y excelencia, tiene en la Cultura su más clara expresión.