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Jane Birkin, que, a punto de finalizar la década de los 60, cobró inusitada fama tras convertirse en la protagonista de la canción de Serge Gainsbourg “Je t’aime moi non plus”, es una de esas intérpretes cuya trayectoria revela tantos activos en su condición de fetiche sociológico, como en su talante estrictamente artístico. Su carrera ha alternado las producciones cinematográficas –en el origen, en su Londres natal, fueron teatrales- con las musicales, y, en este sentido, interesa ahora reseñar esta última faceta, por cuanto Ellas Crean se honra con la presentación que tiene prevista realizar la cantante del disco “Enfants d’hiver”, editado en el pasado otoño.
De algún modo, cualquiera de los trabajos publicados por Jane Birkin resume su filosofía vital y creativa, y “Enfants d’hiver” no ha de ser menos. Sus composiciones, además de llevar su firma en los textos, dejan bien a las claras que la vieja canción francesa sigue viva y bien en el temario, como ya lo estuvo de hecho en los álbumes “Rendez-Vous y “Fiction”, predecesores ambos de “Enfants d’hiver” y complementos de “Arabesque”, que fuese homenaje al que una vez fue su pareja y, en todo momento, mentor: Serge Gainsbourg. Con Gainsbourg –si de hacer historia se trata- realizó Jane Birkin discos tan destacables como “L’histoire de Melody Nelson” o “Exfan des sixties”, y Gainsbourg inspiró su faceta como compositora, con buena encarnadura en 1977 en la banda sonora del film “Madame Claude”.
Sus producciones más interesantes desde entonces, “Baby alone in Babylone”, “Lost songs” y “Version Jane”, no son demasiado conocidas. Pero la última ponía espléndidamente al día un manojo de estándares de Serge Gainsbourg, cuatro años después de producirse el fallecimiento del compositor. Esta mujer, en directo, aquieta la voz para cantar, como si buscase significados más hondos para las palabras, mientras sus músicos viven la ortografía musical al dictado, con oficio excelente y alternando protagonismo instrumental.
Jane Birkin es la fuerza tranquila. En un mismo hatillo aúna las simbologías que encierran el pop de autor, la canción francesa, la europea en su más estricta puridad estilística y todas las corrientes afectivas enganchadas a su amado Serge Gainsbourg. Una rúbrica sonora intransferible, para sibaritas del buen gusto, de una rotunda y profunda comunión emocional entre público y artista. Este concierto volverá a adelantarnos en poco más de dos semanas la primavera hecha canciones. Jane Birkin no tiene rival, ni igual. Es única. |